domingo, 1 de enero de 2012

"Querría explicar mi lado más humano para decirte que bueno, soy tan imbécil que sigo sangrando sin tener heridas" Escandar Algeet, Alas de mar y prosa.

Cuando abrí los ojos me miraba como intentando que se me abriera la tapa de los sesos y una bailarina danzara sobre mi cerebro haciendo círculos ridículos. Estaba tan concentrada, girando la cabeza de un lado al otro mientras se mordía los labios que parecía a punto de hallar algo importante de veras.
-Debería arrancarte un pelo, por si te mueres. Sería una pena echar por el sumidero una genética tan perfecta.
Así eran sus piropos, o al menos yo siempre la he oído decir cosas así sin extrañarme demasiado; supongo que me dedicaba a mirarla intentando ver cómo su cerebro echaba humo dentro de aquella mata de pelo naranja. Pero entonces sonreía de aquella forma despreocupada y te olvidabas de todo, porque por un segundo cualquier cosa era posible en el mundo, cualquiera.
Tenía los ojos despiertos y parecía que tuviese todas las respuestas del universo bajo aquella comisura izquierda, que se reía con ganas de las películas de miedo, porque a ella el miedo le daba risa.
Nunca busqué explicaciones para todo lo que decía, ella miraba el mundo a su manera y yo la quería por eso, porque los martes trece se levantaba gritando que iba a ser un gran día y el día de su cumpleaños se pasaba el día llorando sin salir de la cama. Iba al revés y a su ritmo, de equivocación en equivocación, persiguiendo sus sueños y haciendo que el resto lucháramos por los nuestros.
Aquel día, después de que le dijera que había conseguido el trabajo en aquella revista, después de meses escuchándola decirme que no desistiera, que siguiera mandando mis trabajos, ese día, se fue. 
No se quedo ni un día más, ni tan sólo un segundo, me dio la enhorabuena por teléfono y cuando llegué a casa sus cosas ya no estaban. Curiosamente no lloré, supe que algún día se iría y cuanto más lo pensaba, más sentido tenía.
Ayer llegó una carta desde Nueva York, hay unas cuantas piedras en el sobre y una foto de un señor obeso con un helado. No sé que significa y no pone su nombre, pero hay personas que simplemente tienen un sello personal, el suyo es la locura. He pegado la foto en la nevera junto con un pelo mío, por si acaso algún día vuelve y yo no estoy en casa.









4 comentarios:

Lucía dijo...

wwwuuaauu! increeiblee! me encantó! :)

SMSC dijo...

Buuaf querida Laura, que increíble final ♥

Mica dijo...

Preciosa. Muchas gracias por comentar mi entrada. Te espero en mi blog! MUCHA LUZ!

Ana Laura dijo...

Lo bordaste con ese final, excelente. Me dan ganas de haber conocido a esa mujer, seguro congeniaríamos.