lunes, 27 de febrero de 2012


Tenía una sonrisa torcida como la caligrafía de un niño y el pelo recogido con dos bolígrafos Bic color azul. La vi cruzar la calle con las manos en los bolsillos y los ojos nerviosos, se me hacía extraño saber que ese día era conmigo con quien había quedado, dos años después de todo,a unos días del fin del mundo.
Ambos nos acercamos para saludarnos con un beso, su cabeza y la mía giraron hacia el mismo lado, justo a un centímetro de separación entre nuestros labios y en un acto reflejo volvimos a girar la cabeza a la vez, quedando si cabe más cerca todavía; rápidamente me dio un abrazo con todas sus fuerzas, un abrazo oso.
Estaba tan nervioso que me dio por reír, me partí de risa mientras ella me miraba con esa cara de "oye, no te rías", pero al final se acabó riendo ella también, siempre fue de risa fácil.
Nos sentamos, el uno frente al otro y con cada caña ella hablaba más, se emocionaba con las canciones del hilo musical y se reía mientras yo la miraba confuso, y es que cuando la tenía enfrente ninguna razón me parecía suficiente para dejarla ir una vez más.
Y a las tantas de la madrugada, borrachos los dos, intente besarla y ella me susurro un "hay promesas que no duran para siempre"; y subió las escaleras a casa dónde le esperaban esos brazos que calman ahora su ansiedad por comerse el mundo y romper las normas.

4 comentarios:

Forgotten words dijo...

Creo que yo al igual que él me he quedado con un poco de miel en los labios, ansiando saber más, su historia de porqué se conocían y lo que es más importante porqué no siguieron cuando estaba claro que ambos querían, pero sobre todo de quienes son esos brazos que la calman...

SMSC dijo...

Guau, que textazo, qué historia. A veces es mejor dejarlo así, y no volver a tirarse en la misma piscina. No, después de tanto tiempo.

Laura Pérez Gilabert dijo...

Supongo que siempre hay un poco de aquí y de allá en cada historia que escribo, y que esta especialmente lleva guardada meses esperando que supiera darle un final. Siempre creí que sería otro tipo de final, que ella acabaría escogiendo a esa persona que se paso años perdiéndola, pero ahora que la he terminado por fin creo que no había otro final posible. Al fin y al cabo, las promesas no duran para siempre si no las cuidan y si no tienen motivos para seguir siéndolo.
Y esos brazos son de los que sujetan cuando te tiras de espaldas, de los que no entienden de tiempos, y creo que volverás a oír hablar de ellos, al menos hasta que el tiempo diga basta.

Laura Pérez Gilabert dijo...

Acabo de retwittear esto: "Cuando el pasado te llame, no le atiendas, pues no tiene nada nuevo que decirte".
Creo que estamos de acuerdo los tres, los errores están bien, pero cuando caes muchas veces es que se han convertido en decisiones.