miércoles, 2 de diciembre de 2015

No sabes cómo duele escuchar que las tardes lluviosas de verano siempre te acordabas de mi, que cogías el teléfono y no llamabas. Cómo jode saber que te preguntabas qué hacía o si yo también estaba pensando en ti. Duele porque yo esperé todas esas tardes que cogieras el teléfono y llamaras, porque desee oírte decir que me echabas de menos, porque yo también me pregunte qué hacías, si pensabas en mi o si estabas olvidándome.
Pero no llamaste y por eso nunca te dije que yo también te estaba pensando, que yo también le daba vueltas al dedo alrededor del símbolo de llamada. Pero lo cierto es que yo tampoco llamé, así de estúpido es el miedo y el orgullo.
Duele saber que buscaste mis besos en otras bocas y que yo lloré por ti en otras camas en donde tampoco te encontré. Duele pensar que estuvimos buscándonos en sitios en donde sabíamos que no íbamos a encontrarnos, y que ninguno de los dos tuvo los cojones de presentarse en donde si que estábamos.
Pero la vida siempre nos lleva a los sitios donde se nos necesita y por eso llevo toda la tarde besándote esa nariz que a mi tanto me gusta. Sólo quiero que sepas que si te vuelves a ir pienso coger el teléfono e ir a cualquier sitio donde vuelvas a perderte buscándome. Ten muy claro que no vas a encontrar una boca que te bese la nariz como la mía.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Tus publicaciones son tan riquiñas como para que fueran reales... Una pena que solo puedan ser leídas y no vividas. .A.

Laura Pérez Gilabert dijo...

Hay cosas que sobre el papel funcionan muy bien y en la realidad no. Eso no quiere decir que no merezca la pena soñarlo.

Anónimo dijo...

Un placer leer tus publicaciones, un imposible leerte a ti