domingo, 6 de julio de 2014

Erase una vez una princesa jodida, jodida porque le habian sacado su reino que no eran más que un par de brazos, pero eran suyos.
No era una princesa de cuento, ni siquiera de revista, pero la primera vez que la vi llevaba una coronita pegada al escote y una sonrisa de titulo nobiliario.
Esa noche parpadeó tres veces y hasta mi cigarro se apagó ante tanto aspaviento cuando su mirada de molinillo de viento me sacudió. Y cuando rió cambié canción favorita.
El caso es que la veías beber Jack Daniels a pelo como una tia dura, pero cuando soltaba una palabrota a mi me entraba la risa y las ganas de lavarle la boca y no precisamente con jabón.
Y yo que creia haberlo visto todo encontré un barquito chiquitito en su costilla, y quise recorrer en el toda su geografía, pero ella decía que aquel barquito no sabía navegar.
Un día, y siento joderos el final, aquel barquito navegó y yo me enamoré locamente de su sonrisa de lunes (que  dejadme deciros que vale por mil sonrisas de sábado) y de esa forma de decirme "no se si te quiero mucho, pero se que te quiero bien".
Y no se como la han tratado porque dice que no sabe conjugar el pretérito,  pero a veces veo dolor en su mirada y me pregunto qué clase de idiota no supo apreciar una sonrisa como la suya, y la abrazo fuerte y ella dice que cuando la abrazo así todas sus partes rotas se juntan de nuevo.

4 comentarios:

Forgotten words dijo...

Y es que tus textos son regalos para los corazones que los leen

Manuel dijo...

:) que bonito cuando una risa se convierte en tu nueva canción favorita y no quieres parar de escucharla

Madame Garburn dijo...

Me encanta, no podría describirse mejor. Parece muy dulce.

Beruca dijo...